Conflicto con la autoridad auto-proclamada

Estuve pensando en esto en estos días.

Cada vez me genera más ruido cuando escucho una charla o leo un texto que dice “Ustedes tienen que…”, y “cuántos trucos valiosísimos les dí, eh?”, y/o cualquier alusión a que quien escucha es inferior en algún sentido a quien habla. También cuestiono los “es fundamental” y “es indispensable”.

Hace poquito alguien cambió parte de su bio en instagram por “envalentono emprendedores”, y la frase me chocó. Me choca porque aunque tenga sentido para ella en cuanto a su propósito y se sienta bien, quién quiere estar del otro lado y decir que necesita ser envalentonado?

No pretendo con esto criticarla, me quedé pensando en por qué me molesta, para entenderlo y entenderme.

Yo sigo a distintas personas porque me gusta/inspira/sirve/genera morbo/divierte lo que ofrecen, pero nunca aceptaría que ninguna de ellas diga que me envalentonó o salvó o divirtió ó motivó si no salió primero de mi como testimonial, si no di pie para eso primero. Ya no creo en ponerme simbólicamente entera en manos de otro para que me arregle o muestre el camino.

Uno ofrece, pero lo que el otro hace con la parte que toma casi que es mérito del otro, o colaborativo al menos. (Y lo que se toma es literal a lo que se da? Eso quisiéramos, pero jugamos a un teléfono descompuesto de impulsos bastante chistoso).

Me hizo acordar a algo que dijo Danielle Laporte hace unas semanas que era algo así como que se siente hermoso cuando alguien se refiere a uno como gurú, o figura, o talento, o lider, pero esas palabras tienen que venir necesariamente de otras personas. Si uno se las apropia se convierte en una pesadilla de pretensión, soberbia, chocan. Coincido con eso.

Qué tanto mejor lo siento cuando alguien dice “yo hago esto así, a mi me sirvió esto, tal vez les sirva, prueben, encuentren su propia manera de hacer las cosas.

Tal vez, parafraseando la frase de una manera más amigable e inviable, “Ofrezco herramientas de envalentonamiento para emprendedores”.

Más horizontalidad y autoridad interna. Todos queremos recetas pero no. En realidad no hay recetas. O si, hay millones y millones de recetas todas distintas.